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Por qué me canso de la gente aunque me guste estar con personas

Puedes disfrutar mucho de los demás y aun así necesitar quedarte solo después. Entender qué te agota ayuda a relacionarte mejor sin aislarte.

Por qué me canso de la gente aunque me guste estar con personas

Hay personas con las que podría pasarme una tarde entera hablando y, aun así, cuando vuelvo a casa no quiero escuchar a nadie durante un rato. No porque la conversación haya ido mal. No porque esté enfadado. Simplemente necesito silencio.

Esta sensación desconcierta bastante a quien la experimenta. Si me gusta la gente, ¿por qué me cansa? Si me lo estaba pasando bien, ¿por qué llega un momento en el que quiero marcharme? A veces intentamos resolver esta contradicción poniéndonos rápidamente una etiqueta: soy introvertido, soy antisocial, tengo poca paciencia. Creo que normalmente la respuesta es bastante más interesante.

Disfrutar de una experiencia no significa que esa experiencia no consuma energía. Puedes disfrutar de una excursión y acabar cansado. Puedes querer muchísimo a tus hijos y necesitar un rato sin ellos. Con las relaciones ocurre algo parecido.

No es contradictorio necesitar a los demás y necesitar estar solo

Los seres humanos buscamos vínculos. La investigación psicológica lleva décadas señalando la importancia de establecer relaciones estables y significativas. Pero de ahí no se desprende que queramos interacción social de manera ilimitada.

Podemos necesitar compañía y también necesitar soledad. De hecho, las dos cosas pueden regularse mutuamente.

Por eso no me convence demasiado esa división popular entre personas que recargan las pilas acompañadas y personas que las recargan solas. Tiene algo de verdad, pero simplifica demasiado. La introversión y la extraversión se entienden mejor como un continuo que como dos cajas cerradas.

Puedes ser sociable, hablar con desconocidos sin dificultad, disfrutar de fiestas y tener buenos amigos y, al mismo tiempo, llegar a un punto en el que ya no quieres procesar a otra persona más.

La pregunta realmente útil no es si eres una persona social. Es qué ocurre dentro de ti mientras socializas.

A veces no te cansa la gente, te cansa todo lo que haces cuando estás con gente

Piensa en una cena con seis personas.

No estás simplemente sentado escuchando sonidos. Estás siguiendo varias conversaciones, interpretando gestos, buscando el momento adecuado para intervenir, recordando información, regulando cuánto hablas, detectando si alguien se ha sentido incómodo, pensando qué contar y reaccionando continuamente a estímulos.

Normalmente hacemos todo esto sin darnos cuenta.

Pero hay personas que añaden varias capas más.

Además de conversar, están pensando si están resultando interesantes. Se preguntan si hablan demasiado. Intentan que nadie se quede apartado. Procuran evitar silencios. Cambian ligeramente su forma de expresarse dependiendo de quién tienen delante.

Eso sí puede resultar agotador.

Especialmente cuando existe una necesidad fuerte de aprobación. Si durante una conversación dedicas parte de tu atención a comprobar constantemente qué impresión estás causando, socializar exige mucho más esfuerzo. Es algo relacionado con por qué nos afecta tanto lo que piensen de nosotros.

Hay una diferencia enorme entre estar con alguien y estar pendiente de alguien

Creo que esta distinción explica una parte importante del cansancio social.

Con algunas personas simplemente estamos. Podemos quedarnos callados, mirar el móvil un momento, decir una tontería, cambiar de opinión o reconocer que estamos cansados.

Con otras personas estamos pendientes.

Pendientes de no aburrirlas. De que no se molesten. De encontrar conversación. De ofrecerles algo. De responder correctamente. De parecer simpáticos.

Cuando una persona siente que tiene que caerle bien a todo el mundo, una reunión social puede convertirse sin quererlo en una pequeña actuación.

Y actuar durante horas cansa.

Por eso hay gente que puede pasar un fin de semana entero con su pareja o con un amigo íntimo sin terminar saturada y, sin embargo, acaba agotada después de dos horas con determinados conocidos.

No es necesariamente cuestión de cantidad de personas. También importa cuánto puedes ser tú cuando estás con ellas.

Tu nivel de cansancio también depende del tipo de encuentro

Decir que socializar agota es demasiado genérico.

No se parece en nada tomar un café con un amigo a una comida familiar de veinte personas. Tampoco se parece una conversación tranquila a una fiesta con música, movimiento, gente entrando y saliendo y cinco conversaciones simultáneas.

Hay varios elementos que pueden aumentar la carga:

  • Grupos grandes.
  • Personas desconocidas.
  • Ruido y exceso de estímulos.
  • Conversaciones superficiales prolongadas.
  • Tener que estar especialmente atento a normas sociales.
  • Ambientes competitivos o tensos.
  • Pasar muchas horas sin momentos de privacidad.

Por eso conviene observar el patrón antes de concluir simplemente que te cansa la gente.

Quizá no te cansan las personas. Quizá te cansan las cenas multitudinarias. O conocer gente nueva. O pasar diez horas seguidas acompañado.

Son problemas muy diferentes.

También puede ocurrir que llegues a los planes con la batería medio vacía

Hay otra explicación bastante menos psicológica y más cotidiana: quizá ya estabas cansado antes de empezar.

Trabajo, mensajes, reuniones, decisiones, ruido, obligaciones domésticas y pantallas compiten por nuestra atención durante todo el día. Si llegas al viernes agotado, una cena que en otro momento disfrutarías puede sentirse como otra tarea más.

Es fácil interpretar entonces la necesidad de quedarse en casa como una pérdida de interés por los amigos.

No necesariamente lo es.

Esto explica por qué a algunas personas les ocurre que cancelan planes a última hora aunque realmente querían ir. El deseo de ver a alguien puede ser auténtico y también puede ser auténtica la sensación de que, cuando llega el momento, no queda energía para hacerlo.

Las dos cosas pueden coexistir.

Cuando siempre estás disponible, acabas queriendo desaparecer

Hay personas que no regulan su vida social hasta que ya están saturadas.

Aceptan una comida el sábado, una cena el sábado por la noche y otro plan el domingo porque cada propuesta por separado parece razonable. El problema aparece al sumar todas.

Si además te cuesta pedir favores, expresar necesidades o decir que prefieres marcharte antes, probablemente pasarás más tiempo socializando del que realmente te apetece.

Entonces aparece un fenómeno curioso: como no te permites poner pequeños límites, terminas necesitando uno enorme.

No dices me voy a casa a las once. Aguantas hasta las dos y después no quieres ver a nadie durante dos días.

No dices hoy prefiero estar solo. Aceptas el plan y la semana siguiente rechazas todos.

No siempre necesitamos aprender a socializar más. A veces necesitamos aprender a retirarnos antes de estar hartos.

El problema aparece cuando estar solo tampoco te descansa

Necesitar soledad después de socializar puede ser perfectamente normal. Pero merece la pena prestar atención cuando empieza a ocurrir algo diferente.

Por ejemplo, cuando quieres mantener relaciones pero evitas sistemáticamente casi cualquier encuentro, cuando la interacción genera una ansiedad intensa o cuando pasas cada vez más tiempo aislado y eso te hace sentir peor.

Tampoco hablaríamos simplemente de cansancio social si el agotamiento es constante y aparece en prácticamente todos los ámbitos de tu vida.

Y hay otra situación que veo interesante: personas que rechazan planes buscando descansar pero, cuando finalmente tienen tiempo libre, tampoco consiguen relajarse. En ese caso quizá el problema no esté únicamente en la vida social. Puede resultar útil preguntarse por qué no consigues disfrutar de tu tiempo libre.

Aprende qué personas te cansan y cuáles te descansan

Yo empezaría por observar algo muy sencillo durante unas semanas.

Después de ver a alguien, pregúntate cómo te encuentras.

No cuánto quieres a esa persona. No si deberías haber disfrutado. Simplemente cómo estás.

Hay relaciones después de las cuales uno se siente tranquilo. Otras dejan cierta tensión. Algunas son maravillosas durante dos horas y agotadoras a partir de la cuarta.

También puedes fijarte en qué estabas haciendo tú durante la interacción. ¿Intentabas entretener? ¿Evitabas silencios? ¿Estabas constantemente pendiente de gustar? ¿Decías que sí a todo?

A veces descubrimos que nuestra fatiga no procede de relacionarnos, sino de la versión de nosotros mismos que creemos que tenemos que representar delante de otros.

Algo parecido sucede cuando nos cuesta aceptar críticas: una buena parte del esfuerzo psicológico está dedicada a proteger cómo creemos que los demás nos ven.

No necesitas elegir entre tener vida social o desaparecer

Cuando alguien se siente saturado suele cometer uno de dos errores.

El primero es obligarse a continuar porque piensa que debería ser más sociable. El segundo es retirarse demasiado y concluir que está mejor sin nadie.

Yo buscaría algo menos espectacular: ajustar mejor la dosis.

Quizá prefieras ver a dos amigos en lugar de salir con diez. Quizá necesites una tarde libre después de un fin de semana intenso. Quizá puedas marcharte de una cena cuando empiezas a estar cansado en lugar de esperar hasta estar desesperado por irte.

También puedes decirlo.

La asertividad consiste precisamente en expresar necesidades y preferencias respetando a los demás. No hace falta inventarse una excusa complicada para explicar que hoy quieres quedarte en casa.

Y tampoco tienes que estar permanentemente accesible. Si incluso la comunicación constante con alguien cercano empieza a saturarte, puede ser útil revisar qué hacer cuando te agobia que tu pareja te escriba constantemente.

Quizá no te estés volviendo antisocial

Creo que esta es la idea con la que me quedaría.

Que te canses de la gente no significa necesariamente que te guste menos la gente.

Puede significar que necesitas menos estímulos, que has socializado demasiado seguido, que determinadas relaciones requieren mucho esfuerzo o que todavía no sabes retirarte de una situación antes de sobrepasar tu límite.

Las buenas relaciones no deberían obligarnos a estar disponibles constantemente. También deberían dejarnos espacio para desaparecer un rato y volver.

Porque querer estar solo y querer a los demás no son deseos incompatibles. A veces precisamente necesitamos lo primero para poder volver a disfrutar de lo segundo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué me canso de socializar si soy una persona sociable?

Ser sociable no implica querer interacción de forma ilimitada. Conversar, prestar atención, interpretar señales sociales y adaptarse al entorno requiere recursos mentales, por lo que puedes disfrutar de una reunión y acabar igualmente cansado.

¿Cansarse de la gente significa ser introvertido?

No necesariamente. La introversión y la extraversión forman un continuo y no explican por sí solas cómo te sentirás después de cada interacción. El contexto, el número de personas, la confianza y el esfuerzo que haces por adaptarte también influyen.

¿Es normal necesitar estar solo después de quedar con amigos?

Sí, puede ser una forma normal de recuperar tranquilidad después de varias horas de interacción o estimulación. Conviene prestar más atención si el aislamiento es cada vez mayor, te genera sufrimiento o interfiere con relaciones que quieres conservar.

¿Cómo puedo evitar acabar saturado después de socializar?

Puede ayudar espaciar los planes, preferir encuentros más pequeños, reservar momentos de descanso y marcharte antes de llegar al agotamiento. También conviene observar si parte del cansancio procede de intentar agradar, entretener o controlar continuamente la impresión que causas.

Fuentes

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