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Los 6 tipos de empatía (y cuál tienes tú)

La empatía no consiste solo en sentir lo que sienten los demás. Estas seis formas explican por qué algunas personas comprenden, sienten o reaccionan de maneras muy distintas.

Los 6 tipos de empatía (y cuál tienes tú)

Cuando decimos que alguien es muy empático, podemos estar describiendo cosas bastante diferentes. Una persona puede comprender con enorme precisión lo que siente otra sin experimentar esa emoción. Otra puede contagiarse intensamente del sufrimiento ajeno, pero no saber qué decir ni cómo ayudar.

La psicología lleva décadas intentando ordenar estas diferencias. El resultado es menos sencillo de lo que sugieren algunos tests de Internet: no existe una clasificación universal y cerrada de tipos de empatía. Hay distintos modelos, aunque la investigación suele distinguir, como mínimo, componentes cognitivos y afectivos.

A partir de esos modelos podemos hablar de seis formas especialmente útiles para entender cómo empatizamos. No son casillas excluyentes. Lo habitual es tener una combinación de varias.

Qué es realmente la empatía

La empatía es la capacidad de captar y responder, de algún modo, a la experiencia de otra persona manteniendo la distinción entre lo que le ocurre a ella y lo que nos ocurre a nosotros.

Esta última parte es importante. Sentir tristeza porque alguien está triste no significa necesariamente comprender por qué se siente así. Del mismo modo, entender perfectamente sus emociones no obliga a compartirlas.

Por eso actualmente se considera la empatía un fenómeno multidimensional. Investigadores como Jean Decety, Philip Jackson o Mark Davis han propuesto modelos donde intervienen procesos distintos: comprensión de perspectivas, resonancia emocional, preocupación por el otro y regulación de las propias respuestas.

Los 6 tipos de empatía

Estos son los seis tipos de empatía descritos en psicología.

1. Empatía cognitiva

La empatía cognitiva consiste en comprender qué puede estar pensando o sintiendo otra persona sin necesidad de experimentar la misma emoción.

Por ejemplo, puedes entender por qué un compañero está angustiado ante una presentación aunque hablar en público a ti no te genere ninguna ansiedad.

Suele relacionarse con la toma de perspectiva y con la capacidad de elaborar una representación mental del estado de otra persona. Es particularmente útil en negociación, liderazgo, terapia o resolución de conflictos.

Su limitación es importante: comprender a alguien no implica necesariamente preocuparse por él. Una persona puede poseer una excelente capacidad para interpretar emociones ajenas y utilizar esa información con fines poco altruistas.

2. Empatía afectiva o emocional

Aquí no solo comprendes la emoción ajena, sino que algo de esa emoción aparece también en ti.

Si ves llorar a alguien importante para ti y sientes inmediatamente tristeza, estás experimentando un componente afectivo de la empatía. El cerebro procesa parte de las señales emocionales ajenas y genera una respuesta emocional propia.

Esta sensibilidad facilita la conexión interpersonal, pero cuando es muy intensa también puede resultar agotadora. Especialmente si te afecta mucho lo que piensan los demás o tienes dificultades para separar las emociones propias de las ajenas.

3. Preocupación empática o empatía compasiva

No es exactamente lo mismo sentir el dolor de alguien que desear que esa persona esté mejor.

La preocupación empática aparece cuando la experiencia ajena provoca sentimientos orientados hacia el otro, como ternura, compasión o deseo de ayudar. En la literatura científica suele diferenciarse del simple contagio emocional.

Imagina que un amigo pierde su trabajo. Puedes comprender su preocupación, sentir tristeza al escucharlo y, además, preguntarte qué puedes hacer para ayudarle. Este último componente se acerca a la preocupación empática.

Es probablemente una de las formas más adaptativas de empatía, porque combina sensibilidad hacia el sufrimiento con orientación hacia la ayuda.

4. Toma de perspectiva

Mark Davis incluyó la toma de perspectiva como una de las dimensiones centrales de su conocido Interpersonal Reactivity Index.

Consiste en intentar adoptar espontáneamente el punto de vista psicológico de otra persona. La diferencia con una empatía cognitiva entendida de forma amplia es que aquí existe un esfuerzo por mirar la situación desde el marco mental del otro.

Por ejemplo: "Yo habría tomado otra decisión, pero entiendo que para él, dadas sus circunstancias, esta opción tenía sentido".

La toma de perspectiva también puede ayudarte cuando te cuesta aceptar críticas, porque permite separar la interpretación de otra persona de tu propia valoración de los hechos.

5. Empatía imaginativa

Davis también estudió lo que denominó fantasía, es decir, la tendencia a identificarse psicológicamente con personajes ficticios de novelas, películas o historias.

¿Alguna vez has sentido auténtica angustia por un personaje sabiendo perfectamente que no existe? Esa capacidad utiliza procesos relacionados con la imaginación empática.

No significa confundir ficción y realidad. Consiste en representar mentalmente experiencias que nunca has vivido. Esta capacidad resulta especialmente interesante porque muestra que nuestra empatía no depende únicamente de tener delante a una persona real.

También explica por qué ciertas historias pueden modificar nuestra manera de interpretar situaciones humanas que hasta entonces nos resultaban lejanas.

6. Malestar personal ante el sufrimiento ajeno

Existe otra reacción que conviene diferenciar de la compasión. Algunas personas experimentan ansiedad, incomodidad o angustia intensa cuando observan el sufrimiento de otra persona.

En investigación se conoce como personal distress o malestar personal. Forma parte de algunos modelos multidimensionales de respuesta empática, aunque varios investigadores advierten de que no debe confundirse con preocupación por el otro.

La diferencia está en hacia dónde dirige la emoción tu comportamiento. Si el dolor ajeno te preocupa principalmente porque quieres aliviarlo, hablamos de preocupación empática. Si te resulta tan desagradable que tu principal impulso es escapar de la situación, predomina el malestar personal.

Esto ayuda a entender una aparente paradoja: sentir muchísimo no siempre significa ayudar más.

Qué tipo de empatía tienes tú

Probablemente la pregunta correcta no sea "¿qué tipo soy?", sino "¿qué componentes aparecen con más facilidad en mí?".

Puedes observar algunas tendencias:

  • Si detectas fácilmente lo que sienten los demás pero conservas distancia emocional, puede predominar la empatía cognitiva.
  • Si las emociones ajenas se te contagian rápidamente, probablemente tienes un componente afectivo elevado.
  • Si ante el sufrimiento aparece sobre todo el deseo de ayudar, destaca la preocupación empática.
  • Si intentas entender sistemáticamente las situaciones desde otros puntos de vista, utilizas mucho la toma de perspectiva.
  • Si te emocionas intensamente con novelas, películas o relatos, puedes mostrar una elevada identificación imaginativa.
  • Si el sufrimiento ajeno te desborda y necesitas alejarte, puede existir bastante malestar personal.

Estas observaciones no sustituyen una evaluación psicológica. Incluso los instrumentos científicos tienen limitaciones. Una revisión sobre las escalas de empatía concluyó que todavía no existe un instrumento que pueda considerarse un estándar definitivo.

¿Se puede tener demasiada empatía?

Depende de qué llamemos empatía. Una buena capacidad para comprender a los demás no suele ser problemática por sí misma. Lo que puede resultar difícil es una reactividad emocional elevada sin suficiente regulación.

Por ejemplo, absorber constantemente los problemas de otras personas puede generar cansancio, culpa o dificultad para establecer límites. Algo similar ocurre en personas con una marcada personalidad complaciente, que pueden interpretar empatizar como tener que satisfacer continuamente las necesidades ajenas.

También conviene recordar que comprender una emoción no implica aprobar cualquier conducta. Puedes entender perfectamente por qué alguien está enfadado y, al mismo tiempo, considerar inaceptable que te grite.

Cómo desarrollar una empatía más equilibrada

La empatía no es una capacidad completamente fija. Algunos de sus componentes pueden entrenarse y dependen también del contexto.

Una práctica útil consiste en separar tres preguntas: "¿qué creo que siente esta persona?", "¿qué estoy sintiendo yo al escucharla?" y "¿qué necesita realmente de mí?". Esta distinción reduce la tendencia a mezclar comprensión, contagio emocional y ayuda.

También ayuda cuestionar nuestras interpretaciones. Incluso siendo empáticos podemos equivocarnos al inferir pensamientos ajenos. Conocer los diferentes tipos de pensamientos permite detectar cuándo estamos suponiendo demasiado sobre lo que pasa por la cabeza de otra persona.

Por último, poner límites no reduce la empatía. Al contrario, distinguir entre tus emociones y las de otras personas permite acompañarlas sin quedar completamente absorbido por ellas.

Empatizar no es sentirlo todo

Una persona empática no necesita sufrir cada vez que alguien sufre. La investigación actual describe la empatía como una combinación compleja de comprensión, resonancia emocional, perspectiva y preocupación por los demás.

Por eso dos personas aparentemente muy empáticas pueden comportarse de manera completamente distinta. Una entiende, otra siente, otra ayuda y otra se desborda.

Conocer qué mecanismos predominan en ti resulta más útil que colocarte la etiqueta de "muy empático" o "poco empático". La empatía más saludable no consiste en sentir más, sino en comprender mejor lo que ocurre sin perder de vista dónde terminan las emociones de la otra persona y dónde empiezan las tuyas.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son los principales tipos de empatía?

La distinción con mayor consenso científico separa empatía cognitiva y afectiva. Otros modelos distinguen además toma de perspectiva, preocupación empática, identificación imaginativa y malestar personal.

¿Qué diferencia hay entre empatía cognitiva y emocional?

La empatía cognitiva permite comprender el estado mental o emocional de otra persona. La empatía emocional implica además experimentar una respuesta afectiva relacionada con lo que esa persona siente.

¿Se puede tener empatía cognitiva pero poca empatía emocional?

Sí. Los distintos componentes de la empatía pueden variar de manera relativamente independiente. Alguien puede interpretar muy bien las emociones ajenas sin experimentarlas con gran intensidad.

¿Ser muy empático siempre es positivo?

No necesariamente. Una fuerte sensibilidad emocional puede favorecer la conexión con los demás, pero también producir malestar si la persona tiene dificultades para regular sus emociones o establecer límites.

Fuentes

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