Volver al blog ·

Por qué me bloqueo cuando discuto

Si durante una discusión te quedas sin palabras y encuentras la respuesta perfecta dos horas después, tu problema quizá no sea falta de argumentos.

Por qué me bloqueo cuando discuto

Hay una experiencia bastante frustrante que algunas personas conocen demasiado bien. Alguien les dice algo que consideran injusto, exagerado o directamente falso. Saben que no están de acuerdo. Incluso notan que tienen muchas cosas que responder. Pero en ese momento no sale ninguna.

Se quedan calladas, tartamudean, dicen "no sé" o terminan aceptando algo que realmente no piensan. La conversación acaba y entonces sucede lo irritante: el cerebro empieza a funcionar perfectamente cuando ya no sirve de mucho. En la ducha, conduciendo o intentando dormir aparecen una detrás de otra las respuestas que habría sido estupendo formular veinte minutos antes.

Si te ocurre, probablemente no sea porque seas incapaz de argumentar. Muchas veces el problema es otro: mientras tú intentas encontrar una frase, una parte de tu organismo está reaccionando como si aquella conversación fuese bastante más peligrosa de lo que parece desde fuera.

Por qué puedo quedarme en blanco durante una discusión

Una discusión exige hacer bastantes cosas simultáneamente. Tienes que escuchar, interpretar lo que la otra persona quiere decir, recordar lo ocurrido, controlar lo que sientes, decidir qué quieres responder y prever cómo reaccionará el otro.

Cuando la activación emocional aumenta mucho, realizar todas esas operaciones resulta más difícil. Además, ante situaciones percibidas como amenazantes pueden aparecer distintas respuestas defensivas, entre ellas conductas de lucha, evitación o inmovilización.

La investigación sobre la respuesta de freezing muestra que quedarse paralizado ante una amenaza no es simplemente pasividad. El organismo puede entrar temporalmente en un estado orientado a evaluar el peligro y preparar una respuesta. Eso no significa que cualquier persona que se queda sin palabras durante una pelea esté experimentando literalmente esta respuesta fisiológica, pero ayuda a entender una idea importante: bajo presión no siempre respondemos como responderíamos tranquilamente sentados en un sofá.

Y una discusión puede ser interpretada como una amenaza aunque nadie vaya a golpearnos. Puede amenazar una relación, nuestra imagen, el sentimiento de pertenencia o la posibilidad de ser queridos.

8 razones por las que puedes bloquearte al discutir

1. Estás intentando responder y protegerte al mismo tiempo

Imagina que alguien te dice: "Siempre haces lo mismo, eres un egoísta".

Una parte de ti intenta recordar situaciones que contradicen esa afirmación. Otra piensa si realmente tendrá razón. Otra intenta decidir si debes enfadarte. Otra calcula si responder empeorará las cosas.

No es extraño que el resultado sea silencio.

Cuando sentimos mucha presión interpersonal, la capacidad de elaborar una respuesta tranquila puede competir con la necesidad inmediata de protegernos.

2. Tienes demasiado miedo a decir algo incorrecto

Algunas personas no se bloquean porque no sepan qué contestar. Se bloquean porque encuentran diez respuestas y quieren descubrir cuál de ellas es perfecta.

"Si digo esto pareceré agresivo. Si digo aquello creerá que no me importa. Si menciono lo otro quizá empeore todo".

Mientras haces ese consejo de ministros dentro de tu cabeza, la conversación continúa.

Este patrón puede aparecer especialmente cuando te afecta mucho lo que los demás piensan de ti o cuando existe mucho miedo a hacer el ridículo.

3. Has aprendido que discutir tiene consecuencias

Nuestra historia importa.

Si creciste en un entorno donde expresar desacuerdo provocaba gritos, humillaciones, silencios prolongados o represalias, es posible que hayas aprendido algo muy sencillo: discutir es peligroso.

No necesitas pensar conscientemente "esto va a salir mal". Tu reacción puede haberse automatizado mucho antes.

Por eso dos personas pueden vivir exactamente la misma conversación de maneras completamente diferentes. Para una es simplemente un desacuerdo. Para la otra se parece demasiado a situaciones que aprendió a evitar.

4. La otra persona discute mucho más rápido que tú

Esto parece trivial, pero no lo es.

Hay personas capaces de responder inmediatamente, interrumpir, introducir tres argumentos seguidos y cambiar de asunto antes de que hayas terminado el primero. Su velocidad puede transmitir una falsa sensación de superioridad.

Quizá tú necesites unos segundos para ordenar lo que piensas. Eso no significa que tu argumento sea peor.

Rapidez verbal y tener razón son dos cosas diferentes.

Una conversación en la que uno habla a 120 kilómetros por hora y el otro necesita procesar lo que escucha favorece mucho el bloqueo del segundo.

5. Te cuesta soportar que alguien esté enfadado contigo

Para algunas personas, el verdadero problema no es discutir. Es ver la cara de enfado del otro.

En cuanto perciben decepción, irritación o desaprobación, empiezan a abandonar su posición para recuperar cuanto antes la tranquilidad.

Esto ocurre con frecuencia en personas muy orientadas a agradar o con rasgos de personalidad complaciente. Pueden llegar a pedir perdón incluso sin estar convencidas de haber hecho nada malo.

Si además tiendes a sentirte culpable por casi todo, una discusión puede convertirse rápidamente en un juicio contra ti mismo.

6. Confundes el desacuerdo con una evaluación sobre quién eres

No es lo mismo escuchar "creo que aquí te equivocaste" que escuchar interiormente "eres un desastre".

Cuando una crítica concreta se transforma rápidamente en una valoración global de nosotros mismos, defender una posición se vuelve mucho más difícil. Ya no estamos hablando de quién debía sacar la basura. Mentalmente estamos defendiendo nuestro valor como persona.

Si reconoces este patrón, puede estar relacionado con tomarte especialmente mal las críticas.

7. Tu cabeza se va directamente al peor desenlace

"Como siga hablando, acabaremos fatal".

"Como diga lo que realmente pienso, me dejará".

"Si me enfrento a mi jefe, me cogerá manía".

El bloqueo puede estar alimentado por anticipaciones catastróficas. No respondes solo a lo que está sucediendo, sino a diez futuros posibles que estás imaginando simultáneamente.

Es parecido al mecanismo que aparece cuando imaginas siempre el peor escenario. El problema no es únicamente la conversación presente, sino todo lo que tu mente predice que podría desencadenar.

8. Quizá el problema no seas tú, sino cómo discute la otra persona

Este punto me parece especialmente importante porque a veces psicologizamos demasiado las dificultades.

Puedes trabajar la autoestima, aprender comunicación asertiva y practicar respiraciones durante meses. Pero si la persona que tienes enfrente te interrumpe constantemente, ridiculiza lo que dices, levanta la voz, cambia los hechos o utiliza tus vulnerabilidades contra ti, bloquearte es bastante comprensible.

No todas las conversaciones ofrecen las mismas condiciones para expresarse.

Antes de preguntarte "¿qué me pasa?", plantéate también: ¿con quién me pasa?

Si puedes discrepar tranquilamente con cinco personas pero siempre te bloqueas con una sexta, ese dato importa.

Por qué encuentro la respuesta perfecta cuando la discusión ha terminado

Porque después desaparece buena parte de la presión.

Ya no tienes delante el tono de voz del otro, su expresión facial ni la necesidad de responder inmediatamente. Puedes reconstruir la conversación a tu ritmo.

Entonces aparecen las frases brillantes.

"Le tendría que haber dicho..."

"¿Cómo no pensé en esto?"

"Era tan obvio".

Conviene no utilizar esa claridad posterior para castigarte. Resolver una discusión retrospectivamente es mucho más fácil que hacerlo mientras está ocurriendo.

El objetivo tampoco debería ser convertirte en una máquina de réplicas rápidas. Ser bueno discutiendo no consiste en ganar combates verbales.

Qué hacer cuando notas que empiezas a bloquearte

Hay varias estrategias sencillas que pueden cambiar bastante una discusión.

  • Compra tiempo. Puedes decir "espera, quiero pensar un segundo lo que acabas de decir".
  • Habla más despacio. No necesitas adoptar la velocidad de la otra persona.
  • Resume antes de contestar: "Entonces, lo que estás diciendo es que...". Además de darte tiempo, reduce malentendidos.
  • Separa los temas. Si aparecen cinco reproches, responde primero a uno.
  • No intentes formular la frase perfecta. Una respuesta suficientemente clara suele ser mejor que veinte segundos buscando una impecable.
  • Pide una pausa si estás demasiado activado. Una pausa no debería utilizarse para castigar al otro ni desaparecer durante días, sino para poder retomar la conversación en mejores condiciones.
  • Vuelve después al asunto. Si siempre abandonas la conversación cuando te bloqueas, puedes terminar aprendiendo que escapar es la única forma de sentir alivio.

También puedes preparar algunas frases de emergencia: "No sé responderte ahora mismo", "quiero hablar de esto, pero necesito diez minutos" o "no estoy de acuerdo, aunque todavía no sé explicarte bien por qué".

Esta última me parece particularmente útil. Tienes derecho a no estar de acuerdo antes de haber redactado una defensa de quince páginas de tu postura.

Aprende a discutir fuera de las discusiones

Una parte del trabajo se hace cuando estás tranquilo.

Piensa en las últimas situaciones en las que te bloqueaste. ¿Qué tenían en común? ¿Era siempre la misma persona? ¿Aparecía cuando te criticaban? ¿Cuando alguien levantaba la voz? ¿Cuando tenías que decir que no?

Puedes incluso escribir qué querías haber dicho. No para obsesionarte con la conversación, sino para detectar patrones.

Practicar pequeños desacuerdos cotidianos también ayuda. Decir "prefiero este restaurante", "no estoy de acuerdo con eso" o rechazar una petición permite acostumbrarte a comprobar que una relación puede sobrevivir a una diferencia de opinión. Si este tipo de situaciones te resulta especialmente difícil, quizá también reconozcas la dificultad para pedir o negociar favores.

Cuándo puede ser útil trabajarlo en terapia

Bloquearse ocasionalmente durante una discusión entra dentro de lo esperable. Todos podemos quedarnos sin palabras cuando una conversación nos toca especialmente.

Puede ser útil explorar el problema con un psicólogo cuando ocurre de manera repetida, condiciona tus relaciones, te impide poner límites o hace que aceptes situaciones que realmente no quieres aceptar.

También merece atención cuando las discusiones producen una reacción emocional desproporcionadamente intensa o están conectadas con experiencias anteriores difíciles.

El trabajo no consiste necesariamente en aprender argumentos más inteligentes. Muchas veces consiste en conseguir permanecer presente el tiempo suficiente como para poder utilizarlos.

No necesitas ganar la discusión para dejar de bloquearte

Creo que esta es la parte que más fácilmente se pierde de vista.

El objetivo no debería ser salir de cada conversación pensando que has derrotado dialécticamente a la otra persona. Algunas discusiones ni siquiera tienen ganador.

Una meta bastante más útil es poder permanecer en la conversación, entender qué estás sintiendo y expresar una posición razonablemente fiel a lo que piensas.

Quizá sigas necesitando unos segundos. Quizá alguna buena respuesta continúe apareciendo en la ducha dos horas después.

No pasa nada.

No bloquearte no significa responder más rápido. Significa conservar suficiente espacio mental para decidir qué quieres decir, incluso cuando alguien no está de acuerdo contigo.

Preguntas frecuentes

¿Por qué me quedo en blanco cuando estoy discutiendo?

Una discusión puede generar una activación emocional que dificulte organizar pensamientos, recordar argumentos y responder con claridad. También pueden influir el miedo al conflicto, la presión por responder perfectamente y experiencias anteriores.

¿Por qué después de una discusión sé exactamente qué tenía que haber dicho?

Cuando la conversación termina disminuyen la presión temporal y buena parte de los estímulos emocionales. Esto permite revisar lo ocurrido con más calma y elaborar respuestas que durante el conflicto resultaban difíciles de organizar.

¿Quedarse bloqueado en una discusión es una respuesta de congelación?

Puede compartir algunos elementos con respuestas defensivas ante amenazas, pero no todo bloqueo verbal debe interpretarse como una respuesta fisiológica de freezing. En una discusión intervienen también factores cognitivos, emocionales, aprendidos y relacionales.

¿Qué puedo decir cuando me bloqueo en una discusión?

Puedes reconocerlo directamente: "necesito pensar un momento", "no estoy de acuerdo, pero ahora mismo me cuesta explicarlo" o "quiero seguir hablando de esto después de una pausa". Ganar tiempo es preferible a decir algo que no piensas solo para terminar la conversación.

¿Es malo pedir una pausa durante una discusión?

No necesariamente. Una pausa puede ayudar cuando la activación emocional impide conversar con claridad, siempre que no se utilice como castigo o como forma permanente de evitar el problema y exista intención de retomarlo.

Fuentes

Sigue leyendo

Más notas de psicología

Siguiente paso

Da el siguiente paso con Tomás Santa Cecilia

Atención presencial en Madrid, psicología online y orientación para empresas.