Alguien te dice que has hecho un buen trabajo y respondes que tampoco ha sido para tanto. Te dicen que estás muy bien y enseguida encuentras una explicación que rebaje el elogio. O quizá simplemente sonríes, te incomodas y esperas que la conversación cambie de tema cuanto antes.
Que te cueste recibir cumplidos no significa necesariamente que tengas baja autoestima. Hay personas que simplemente no están acostumbradas a ocupar ese pequeño espacio de atención. Sin embargo, cuando cualquier reconocimiento genera desconfianza, vergüenza o la necesidad inmediata de quitarle valor, merece la pena preguntarse qué está ocurriendo.
Porque aceptar un elogio parece sencillo hasta que toca hacerlo. A veces decir un simple "gracias" resulta sorprendentemente difícil.
Por qué puede resultar tan incómodo recibir un cumplido
Un elogio introduce una información positiva sobre nosotros: "lo has hecho muy bien", "me gusta cómo piensas", "eres bueno en esto". El problema aparece cuando esa valoración entra en conflicto con la imagen que tenemos de nosotros mismos.
Si alguien se considera poco competente y recibe un elogio sobre su trabajo, pueden convivir dos informaciones contradictorias: lo que piensa de sí mismo y lo que acaba de escuchar. Cuando el elogio no encaja con nuestra autoimagen, resulta más fácil desacreditarlo que revisar lo que creemos sobre nosotros mismos.
Por eso aparecen respuestas como "lo dice por quedar bien", "cualquiera habría hecho lo mismo" o "si supiera cómo soy realmente, no pensaría eso".
La investigación psicológica sobre autoverificación lleva décadas observando algo parecido: tendemos a buscar cierta coherencia entre la visión que tenemos de nosotros mismos y la información que recibimos de otras personas. Incluso una valoración positiva puede resultar incómoda cuando contradice una autoimagen muy asentada.
7 razones por las que pueden incomodarte los elogios
1. Tienes una imagen demasiado negativa de ti mismo
Esta es probablemente una de las explicaciones más intuitivas. Si habitualmente prestas mucha atención a tus defectos y poco a tus capacidades, un cumplido puede sonar exagerado o directamente falso.
No hace falta pensar conscientemente "no valgo nada". Puede manifestarse de maneras mucho más sutiles: creer que tus éxitos se deben a la suerte, considerar normales tus capacidades y excepcionales tus fallos, o pensar que cualquier persona habría conseguido lo mismo que tú.
2. Has aprendido que aceptar un elogio es ser presumido
Muchas personas han crecido escuchando mensajes relacionados con la modestia: no presumas, no te creas demasiado, no llames la atención.
La intención puede haber sido educar en humildad, pero algunas personas terminan interpretando que reconocer una cualidad propia es una forma de arrogancia.
Hay una diferencia importante entre decir "sí, se me da bien" y considerar que eso te hace superior a los demás. Aceptar una cualidad propia no equivale a presumir de ella.
3. No te gusta convertirte en el centro de atención
Un cumplido dirige durante unos segundos la atención hacia ti. Para alguien tímido o especialmente pendiente de cómo está siendo evaluado, ese momento puede sentirse como un pequeño foco apuntándole.
Entonces el problema no es exactamente el elogio, sino la exposición que produce. Esta reacción puede aparecer también en personas que tienen miedo a hacer el ridículo o que se sienten excesivamente observadas en determinadas situaciones sociales.
4. Piensas que ahora tendrás que estar a la altura
Imagina que tu responsable te dice: "Este informe es excelente, eres muy bueno haciendo este tipo de análisis". Mientras otra persona podría disfrutar del reconocimiento, tú puedes pensar inmediatamente: "Ahora esperará que siempre lo haga así".
El cumplido deja entonces de ser una valoración del pasado para transformarse en una obligación de futuro.
Esto es especialmente habitual en personas perfeccionistas. El reconocimiento puede convertirse mentalmente en un nuevo estándar que sienten que deben mantener. Cuanto más alto es el elogio, mayor parece el riesgo de decepcionar después.
5. Sospechas de las intenciones de quien te halaga
"¿Qué querrá de mí?"
No todos los elogios son necesariamente sinceros, pero desconfiar sistemáticamente de ellos puede impedir aceptar incluso aquellos que sí lo son.
Si cada valoración positiva necesita pasar por un interrogatorio interno, puede resultar prácticamente imposible disfrutar del reconocimiento. La persona acaba buscando motivos ocultos: quiere algo, está siendo amable por compromiso o simplemente no me conoce suficientemente bien.
6. Te avergüenza reconocer que el elogio te gusta
Esta reacción resulta interesante porque a veces queremos recibir reconocimiento y, al mismo tiempo, nos incomoda admitir que lo queremos.
Podemos disfrutar de que valoren nuestro trabajo, aspecto o personalidad y sentir inmediatamente cierta vergüenza por haber disfrutado de ello. Es una especie de segundo juicio: primero aparece una emoción agradable y después nos criticamos por sentirla.
Cuando esta sensibilidad hacia la evaluación ajena es muy intensa, puede relacionarse con la importancia que damos a lo que los demás piensan de nosotros.
7. Estás acostumbrado a quitar importancia a lo que haces bien
Hay personas capaces de analizar durante horas un error y dedicar apenas unos segundos a un éxito.
Si algo sale mal, buscan qué hicieron incorrectamente. Si sale bien, concluyen que era fácil, tuvieron suerte o recibieron ayuda. Este desequilibrio termina afectando a la forma en que interpretan los elogios.
El problema no es únicamente que otros valoren poco tus logros. También puede ocurrir que seas tú quien elimina sistemáticamente cualquier evidencia positiva sobre ti mismo.
Cómo solemos rechazar un cumplido sin darnos cuenta
No siempre respondemos directamente "no es verdad". Existen formas mucho más discretas de rechazar el reconocimiento:
- Minimizarlo: "No ha sido nada".
- Atribuirlo completamente a la suerte: "Me salió de casualidad".
- Trasladarlo inmediatamente a otra persona: "Bueno, tú sí que lo haces bien".
- Buscar un defecto: "Sí, pero todavía hay muchas cosas mal".
- Cuestionar las intenciones: "Lo dices porque eres mi amigo".
- Hacer una broma para cambiar de tema.
- Sentir la necesidad de devolver otro cumplido inmediatamente.
Ninguna de estas respuestas es problemática de manera aislada. Todos podemos reaccionar así alguna vez. Lo relevante es observar si te resulta prácticamente imposible aceptar una valoración positiva sin neutralizarla.
Qué puedes hacer si te cuesta aceptar elogios
No necesitas convencerte de repente de que todos los cumplidos son ciertos. Puedes empezar por algo mucho más sencillo: dejar de rechazarlos automáticamente.
Practica una respuesta simple
La próxima vez que alguien te diga algo positivo, prueba a responder simplemente: "Gracias".
Parece una recomendación trivial, pero evita poner en marcha toda la maquinaria destinada a desacreditar el elogio. No necesitas justificarlo, negarlo ni devolver inmediatamente otro.
Observa qué pensamiento aparece después
Lo interesante suele ocurrir unos segundos más tarde.
"Lo dice por quedar bien".
"Tampoco soy tan bueno".
"Ahora espera demasiado de mí".
"Qué vergüenza que estén hablando de mí".
Identificar ese pensamiento ayuda a entender qué es exactamente lo que te incomoda.
No confundas modestia con negación
Puedes ser una persona humilde y reconocer que algo te ha salido bien. Del mismo modo que admitir un error no significa considerarte inútil, reconocer una capacidad tampoco significa considerarte extraordinario.
Una autoestima equilibrada debería permitir ambas cosas.
Presta atención a cómo respondes al reconocimiento de personas importantes
La dificultad para aceptar afecto o reconocimiento puede tener consecuencias en las relaciones. Si tu pareja te dice constantemente algo positivo y tú respondes que exagera o que no lo cree realmente, la otra persona puede acabar sintiendo que sus palabras nunca son válidas.
Esto puede relacionarse también con la necesidad de asegurarnos continuamente de que somos aceptados o con la sensación de que tenemos que caerle bien a todo el mundo.
Cuándo puede ser útil hablarlo con un psicólogo
Que te pongas rojo cuando alguien te dice algo bonito no constituye, por sí mismo, un problema psicológico. Tampoco necesitas disfrutar especialmente de los elogios.
Puede ser útil explorarlo cuando forma parte de algo más amplio: una autoimagen muy negativa, miedo intenso a ser evaluado, perfeccionismo, dificultad para reconocer cualquier logro propio o una tendencia constante a pensar que los demás tienen una opinión de ti mucho mejor de la que mereces.
En estos casos, el objetivo no consiste en aprender a coleccionar elogios. Se trata de construir una valoración de uno mismo suficientemente flexible como para aceptar tanto los errores como las cualidades sin necesidad de exagerar ninguno de los dos.
Aprender a decir gracias también es aprender a aceptar información positiva
Cuando alguien te hace un cumplido, no estás obligado a estar de acuerdo con cada palabra. Pero tampoco necesitas presentar inmediatamente pruebas en tu contra.
Quizá puedas empezar simplemente dejando abierta la posibilidad de que esa persona esté viendo algo que tú tiendes a pasar por alto.
Aceptar un elogio no significa volverte arrogante ni depender de la aprobación de los demás. A veces significa algo bastante más sencillo: permitir que una valoración positiva permanezca unos segundos sin sentir la necesidad de destruirla.
Preguntas frecuentes
¿Por qué me pongo nervioso cuando me hacen un cumplido?
Puede ocurrir porque el elogio dirige la atención hacia ti, porque contradice la imagen que tienes de ti mismo o porque temes no estar a la altura en el futuro. La causa no es necesariamente la misma en todas las personas.
¿No saber aceptar cumplidos significa tener baja autoestima?
No necesariamente. La autoestima puede influir, pero también intervienen la timidez, el perfeccionismo, determinados aprendizajes familiares o culturales y la incomodidad ante la atención de los demás.
¿Qué puedo responder cuando alguien me hace un cumplido?
Un simple "gracias" suele ser suficiente. No necesitas justificar el elogio, restarle importancia ni devolver inmediatamente otro cumplido.
¿Por qué pienso que los cumplidos no son sinceros?
A veces una valoración positiva entra en conflicto con la propia autoimagen y resulta más fácil cuestionar el elogio que revisar lo que pensamos de nosotros mismos. Si esta desconfianza es constante, puede ser interesante analizar de dónde procede.
Fuentes
- Marigold, Holmes y Ross, More than words: reframing compliments from romantic partners fosters security in low self-esteem individuals
- Kwang y Swann, Do people embrace praise even when they feel unworthy? A review of critical tests of self-enhancement versus self-verification
- Zhao y Epley, Insufficiently complimentary? Underestimating the positive impact of compliments creates a barrier to expressing them
- American Psychological Association, Praising children for their personal qualities may backfire
