Imagina que un día te pregunto cómo funciona una bicicleta. Seguramente podrías decirme que tiene ruedas, pedales, frenos y una cadena. Pero si te pregunto cómo funciona una persona por dentro, la cosa se complica bastante más.
¿Por qué a veces estás contento y cinco minutos después te enfadas? ¿Por qué algo que a tu amigo le da igual a ti puede darte muchísimo miedo? ¿Por qué algunas cosas se te quedan dando vueltas en la cabeza? ¿Por qué discutimos, nos ponemos nerviosos, nos enamoramos, sentimos vergüenza o hacemos cosas que después pensamos que habría sido mejor no hacer?
La Psicología es la ciencia que estudia cómo pensamos, sentimos y nos comportamos. Yo soy psicólogo y buena parte de mi trabajo consiste precisamente en intentar entender esas tres cosas.
Qué es la Psicología explicado de forma sencilla
Tu cerebro está trabajando prácticamente todo el tiempo, incluso cuando tú no te das cuenta.
Observas cosas, recuerdas, imaginas qué puede pasar, interpretas lo que hacen otras personas, tomas decisiones y sientes emociones. Todo eso influye en cómo actúas.
La Psicología estudia muchos de esos procesos.
Por ejemplo, un psicólogo puede preguntarse:
- ¿Cómo aprendemos?
- ¿Por qué sentimos miedo?
- ¿Por qué nos cuesta controlar algunas emociones?
- ¿Cómo influye nuestra familia en nosotros?
- ¿Por qué algunas personas son más tímidas que otras?
- ¿Cómo afecta sufrir bullying?
- ¿Por qué podemos pensar una y otra vez en el mismo problema?
- ¿Qué nos ayuda a sentirnos mejor cuando estamos pasando por una época difícil?
Como ves, la Psicología es bastante más grande que ir a terapia.
Hay psicólogos que investigan cómo funciona la memoria, otros trabajan con deportistas, colegios, empresas o familias, y otros, como yo, trabajamos ayudando a personas que están atravesando dificultades.
Entonces, ¿qué hace un psicólogo?
Te voy a contar qué hago yo cuando trabajo como terapeuta.
Una persona viene a verme porque hay algo que le preocupa o que quiere cambiar. Puede estar muy nerviosa, sentirse triste, discutir mucho con sus padres, tener miedo de ir al instituto, sentirse sola o simplemente no entender muy bien qué le ocurre.
Mi primera tarea no es decirle: "esto es lo que tienes que hacer".
Primero intento entenderla.
Le hago preguntas, escucho lo que me cuenta y trato de descubrir qué puede estar ocurriendo. Después podemos trabajar juntos para encontrar maneras diferentes de afrontar esa situación.
Un psicólogo no está para juzgarte, sino para intentar comprender qué te está pasando.
Y eso es importante, porque cuando algo te preocupa puedes tener la sensación de que nadie lo entenderá.
¿Los psicólogos podemos leer la mente?
No.
Te aseguro que si pudiéramos leer la mente, nuestro trabajo sería bastante más fácil.
Yo no puedo saber lo que estás pensando si tú no me lo cuentas. Tampoco puedo mirarte durante treinta segundos y descubrir mágicamente todos tus secretos.
Lo que sí he aprendido como psicólogo es a hacer preguntas, escuchar, observar ciertos comportamientos y utilizar conocimientos sobre cómo suelen funcionar los pensamientos, las emociones y las conductas.
Por ejemplo, si me dices que cada domingo por la noche te duele la barriga porque al día siguiente tienes instituto, podemos investigar qué ocurre los lunes. Quizá tienes un examen. Quizá hay alguien que te hace sentir mal. Quizá tienes miedo de equivocarte delante de tus compañeros.
El dolor de barriga es real, pero puede estar relacionado con lo que estás sintiendo.
Las emociones pueden ser complicadas. Si quieres conocerlas mejor, puedes echar un vistazo a estos tipos de emociones.
Ir al psicólogo no significa que estés loco
Esta es una idea que quiero dejar muy clara.
Hay personas que todavía piensan que solamente se va al psicólogo cuando ocurre algo extremadamente grave. No es así.
Puedes hablar con un psicólogo porque tienes ansiedad, porque te cuesta hacer amigos, porque has perdido a alguien, porque tus padres se están separando, porque tienes problemas en clase o porque últimamente no te reconoces demasiado a ti mismo.
También puedes necesitar ayuda después de una experiencia complicada. Por ejemplo, si un compañero te insulta, te amenaza o te hace sentir mal repetidamente, es importante contárselo a un adulto de confianza. Aquí explico también qué hacer cuando un niño sufre bullying.
Pedir ayuda no significa que seas débil. Significa que hay algo que te está costando y no tienes por qué resolverlo completamente solo.
Piensa en un entrenador. Un futbolista puede saber jugar muy bien y seguir necesitando un entrenador para mejorar ciertas cosas. Un psicólogo puede cumplir una función parecida con determinados problemas emocionales.
¿Qué ocurre cuando un niño va al psicólogo?
Quizá te imaginas entrando en una habitación, tumbándote en un sofá y teniendo que contar inmediatamente todos tus secretos.
Normalmente no funciona así.
Si vinieras a verme, primero intentaría conocerte. Querría saber qué te gusta, cómo es tu día a día y qué problema te ha llevado hasta allí.
No necesitas contarme todo durante los primeros diez minutos.
La confianza se construye poco a poco.
Dependiendo de tu edad y del problema, podemos hablar, utilizar ejercicios, escribir cosas o buscar juntos formas de enfrentarte a determinadas situaciones.
Si próximamente tienes una cita y estás nervioso, puedes leer también qué ocurre cuando vas al psicólogo por primera vez.
¿El psicólogo contará a mis padres todo lo que digo?
Esta es una pregunta muy frecuente y bastante importante.
Los psicólogos debemos cuidar la privacidad de lo que nos cuentan las personas. Cuando trabajo con menores, también tengo que tener en cuenta su edad, la participación de sus padres o tutores y su seguridad.
Eso significa que no se trata de terminar una sesión y contar palabra por palabra todo lo que has dicho.
Ahora bien, existen situaciones importantes en las que un psicólogo puede necesitar hablar con tus padres, tutores u otros adultos responsables para protegerte. Por ejemplo, si cree que tú o alguien más podéis estar en peligro.
Al principio de una terapia deberían explicarte estas reglas de una manera que puedas entender. Y si algo no te queda claro, puedes preguntarlo.
¿Por qué sentimos cosas que no queremos sentir?
Porque las emociones no tienen un botón de encendido y apagado.
Piensa en el miedo. No puedes ordenar a tu cuerpo: "a partir de ahora dejo de tener miedo" y conseguir que desaparezca inmediatamente.
El miedo sirve para avisarnos de posibles peligros. El problema aparece cuando nuestro sistema de alarma se activa ante situaciones que no son realmente peligrosas o cuando la intensidad del miedo es demasiado grande.
Por eso existen muchos tipos de miedo y también diferentes formas de ansiedad. Si alguna vez escuchas esa palabra y no sabes exactamente qué significa, aquí puedes conocer mejor los tipos de ansiedad.
En terapia no intento prohibirte que tengas emociones negativas. Estar triste, enfadarse o tener miedo forma parte de ser humano.
Lo importante es aprender a entender esas emociones y saber qué hacer con ellas.
Un psicólogo tampoco tiene todas las respuestas
Quizá esto te sorprenda viniendo de un psicólogo, pero me parece importante decirlo.
No tenemos una solución mágica para cada problema.
No puedo conseguir que todos tus compañeros sean amables contigo. Tampoco puedo conseguir que nunca vuelvas a sentir miedo, tristeza o vergüenza.
Lo que sí puedo hacer es ayudarte a comprender mejor lo que te ocurre, enseñarte estrategias que pueden servirte y acompañarte mientras aprendes otras maneras de enfrentarte a determinadas situaciones.
Además, tú también participas en el proceso. La terapia no es algo que un psicólogo "te hace" mientras tú esperas.
Es un trabajo entre los dos.
Cuándo puede ayudarte hablar con un psicólogo
No existe una edad concreta ni necesitas esperar a que el problema sea enorme.
Puede ser buena idea pedir ayuda si durante un tiempo:
- Estás mucho más triste de lo habitual.
- Tienes miedos que te impiden hacer cosas.
- Te cuesta muchísimo ir al colegio o al instituto.
- Estás sufriendo acoso.
- Te sientes muy solo.
- Te enfadas de una manera que luego no puedes controlar.
- Algo que ha ocurrido sigue haciéndote sufrir.
- Tus preocupaciones no te dejan disfrutar o dormir bien.
- Sientes que no puedes hablar con nadie sobre lo que te pasa.
Si quieres entenderlo con más detalle, también puedes consultar estas señales de cuándo conviene ir al psicólogo.
Y si no sabes si lo que te pasa es suficientemente importante, puedes empezar simplemente hablando con tus padres, un familiar de confianza, un profesor, tu médico u otro adulto que pueda ayudarte.
La Psicología sirve para entendernos un poco mejor
Si tuviera que explicarte mi profesión en una sola frase, te diría esto: intento ayudar a las personas a comprender mejor lo que les ocurre y a encontrar maneras más útiles de afrontarlo.
A veces necesitamos ayuda porque tenemos miedo. Otras porque estamos tristes. Otras porque tenemos problemas con alguien. Y otras simplemente porque nuestra cabeza se ha convertido en un lugar demasiado complicado durante una temporada.
No hay nada extraño en ello.
Tu cuerpo necesita cuidados y tu mente también. Y precisamente para estudiar cómo pensamos, sentimos y actuamos existe la Psicología.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la Psicología para niños?
La Psicología es la ciencia que estudia cómo pensamos, sentimos y nos comportamos. Los psicólogos intentamos comprender por qué las personas reaccionamos de determinadas maneras y cómo podemos afrontar mejor algunos problemas.
¿Qué hace un psicólogo con un niño?
Primero intenta conocerlo y comprender qué le preocupa. Después puede utilizar conversaciones, ejercicios y diferentes técnicas psicológicas para ayudarle a entender sus emociones y afrontar mejor determinadas situaciones.
¿Ir al psicólogo significa que tengo un problema grave?
No. Se puede acudir al psicólogo por problemas muy diferentes, desde miedos o dificultades con compañeros hasta ansiedad, tristeza o cambios familiares. No es necesario esperar a encontrarse muy mal para pedir ayuda.
¿Un psicólogo puede saber lo que estoy pensando?
No, los psicólogos no podemos leer la mente. Podemos hacer preguntas, escuchar y utilizar nuestros conocimientos para intentar entender mejor lo que una persona piensa, siente y hace.
